Hechos 16:16-23
«Aconteció que mientras íbamos a la oración, nos salió al encuentro una muchacha que tenía espíritu de adivinación, la cual daba gran ganancia a sus amos, adivinando.17Esta, siguiendo a Pablo y a nosotros, daba voces, diciendo: Estos hombres son siervos del Dios Altísimo, quienes os anuncian el camino de salvación.
18Y esto lo hacía por muchos días; mas desagradando a Pablo, éste se volvió y dijo al espíritu: Te mando en el nombre de Jesucristo, que salgas de ella. Y salió en aquella misma hora.
19Pero viendo sus amos que había salido la esperanza de su ganancia, prendieron a Pablo y a Silas, y los trajeron al foro, ante las autoridades;
20y presentándolos a los magistrados, dijeron: Estos hombres, siendo judíos, alborotan nuestra ciudad,
21y enseñan costumbres que no nos es lícito recibir ni hacer, pues somos romanos.
22Y se agolpó el pueblo contra ellos; y los magistrados, rasgándoles las ropas, ordenaron azotarles con varas.
23Después de haberles azotado mucho, los echaron en la cárcel, mandando al carcelero que los guardase con seguridad.»
La palabra nos enseña el precio que deben pagar aquellos que aman al Señor y están dispuestos a decir una verdad no importando las consecuencias de la misma.
En esta ocasión, nos referiremos a una situación vivida por Pablo y Silas en Filipos. Veremos a un Pablo osado, seguro de lo que hacía y decía, con total convicción de lo que predicaba.
Filipos era una ciudad de Macedonia, fundada por Felipe II, el padre de Alejandro Magno; fue la primera ciudad europea en escuchar el mensaje de un misionero cristiano (Hechos 16).
El pasaje nos relata que mientras Pablo y Silas iban a la oración una mujer con espíritu de adivinación les salió al encuentro, ella otorgaba fuertes ganancias a sus amos por medio de ese espíritu. Gloria a Dios porque le quedaban los últimos minutos para trabajar ese demonio, pues había llegado a Filipos la verdad, la luz, la claridad había llegado de parte de Cristo a la ciudad... había llegado Pablo. Cristo mismo, la unción misma, el poder mismo del Señor que Pablo transportaba en él, y cuando llegó a Filipos y vio a la muchacha que daba voces anunciando la identidad de los siervos, se molestó y reprendió este espíritu de adivinación en la joven.
Hablando claro, Pablo reprendió esta forma inadecuada y nada agradable a Dios de obtener ganancias; Pablo reprendió un lucro ilícito, el que unas personas sin escrúpulos usaran a una muchacha para ganar dinero para ellos, y como el apóstol reprendió este espíritu, la muchacha ya no daba ganancias a sus amos.
Mis apreciados visitantes, si hay algo que a Dios le desagrada es cuando se lucra con la fe, es cuando se hacen negocios ilícitos, Dios nunca ha aprobado esos negocios.
Permítame decir con libertad ahora, si bien es cierto que hay personas que trabajan con este espíritu de adivinación y se lucran con la fe de muchos que no teniendo a Dios en sus corazones van en pos de adivinos, brujos, etc., en esta ocasión, nos referiremos a quienes llamándose hijos de Dios, siervos del Altísimo, cristianos, tratan de obtener ganancias deshonestas a costa de la fe de los más pequeños, espiritualmente hablando.
No en vano las Escrituras nos ordenan:
«Apacentad la grey de Dios(...), cuidando de ella, (...) no por ganancia deshonesta,» 1P 5:2
El Señor nos declara que:
«
Algunos, a la verdad, predican a Cristo por envidia y contienda;(...)
Los unos anuncian a Cristo por contención,(...)»
Flp 1:15-16
Entonces, los creyentes que reprendemos y estamos en desacuerdo con tanto desorden y corrupción en la humanidad, no nos damos cuenta de que entre nosotros mismos en nuestro medio hay quienes tratan de obtender ganancias deshonestas a costa de aquellos más pequeñitos que lo entregan todo. Hacen uso de su fe de mala manera, manipulan la fe, y tratan de enriquecerse ilícitamente a costa de la palabra fe, de la palabra iglesia.
Pero llegó a esta ciudad un alborotador, uno que produjo cambios, que produjo desorden, según dijeron sus enemigos.
Gloria a Dios por aquellos Pablos que Dios está levantando para confrontar lo que debe ser confrontado, diciendo la verdad, quienes no negocian con su llamado ministerial, que anuncian el evangelio por pasión, por amor a Cristo, por vocación y no por ganancias deshonestas, manipulando la fe de muchos creyentes.
Dios levanta a hombres y a mujeres con un fuerte llamado, tal vez como usted, que en medio de la congregación empieza a ver diferente, pues Dios ha sacado una venda de sus ojos; ahora su visión tiene otra perspectiva. ¿Acaso Dios no está levantando a estos hombres y mujeres que para muchos pasan inadvetidos dentro de sus propias congregaciones? Así está levantando Dios una generación muy poderosa en Sus manos. Pero cuando este hombre o esta mujer se levanta entonces vienen los magistrados, los acusadores y dicen «Éste se está desviando», «Éste está haciendo cosas de locos, está enfermo», o lo acusan de diferente formas. Eso hicieron con Pablo...«y presentándolos a los magistrados, dijeron: Estos hombres, siendo judíos, alborotan nuestra ciudad, y enseñan costumbres que no nos es lícito recibir ni hacer, pues somos romanos.»
Hay muchos «romanos» en las congregaciones, que están diciendo a aquel que Dios está levantando con una visión, a aquel pequeñito a quien Dios está poniendo por alto. ¿Acaso no se reunen las autoridades y dicen «No, éste enseña cosas que no estamos acostumbrados a recibir. Éstas son nuestras costumbres, nuestras enseñanzas, nuestros estatutos, y esta persona se está saliendo de las ordenanzas de la iglesia, porque nuestra congregación tiene reglas que deben ser cumplidas.»
Dios está trayendo una visión nueva. Hay un vino, hay un aceite que está fluyendo en este momento, y los que quieren y abren su corazón y permiten que Dios saque las vendas de sus ojos pueden ver este fluir, y si toman de él, empiezan a sentir una inquietud en el corazón. Al principio, talvez, no lo tenga claro, es como que algo anda mal en la congregación, como que no cuadra la enseñanza, y el Espíritu continúa inquietándolo, empieza a orar más, aumenta su búsqueda del Señor. Y es ahí cuando Dios empieza a tratar con esa persona. Pero vienen aquellos «romanos espirituales» y atajan a ese hombre o mujer, le ponen barreras: «No, no estamos acostumbrados a eso. Nuestros estatutos dicen que eso no debe hacerse». Entonces se levantan esos romanos que acusan a estos hombres de Dios, a estas mujeres visionarias, a esta generacion nueva que Dios está levantando, y empiezan a cuestionarlos, a prejuzgarlos, y a excluirlos. Y prácticamente los encarcelan, pues les privan de libertad espiritual.
Hermano, hermana, si Dios te está levantando, si Dios los inquieta, si el Señor ha puesto en ustedes un espíritu fuerte, valiente, aguerrido, y ves que todo está mal, si lo que se te enseña no cuadra con lo que Dios dice, y empiezas a hablar a profetizar, te acusarán de alborotador, de alguien que se quiere rebelar, te darán muchos argumentos como para encarcelarte; pero mientras Dios hable por ti, mientras el Espíritu Santo hable por tu boca, mientras estés en comunión con Dios y jamás sueltes Su mano debes confiar que el Todopoderoso te respalda.
Pablo y Silas iban a la oración, no eran personas como el resto, eran hombres que se mantenían en pureza, buscaban estar en comunión con Dios.
Muchos podrían atribuirse una revelación de parte de Dios, pero Dios levantará a aquellos que busquen Su rostro permanentemente, quienes Le dedican horas diarias de su tiempo, quienes tienen el pasar en la presencia del Señor como punto importante en sus agendas diarias. No necesariamente van a ser usados aquellos que creen que con empapelar su paredes con diplomas les hará más aceptos ante Dios. Estudia, perfecciónate, pero si no alimentas diariamente tu comunión íntima con Dios, no te servirá; no te engañes, Dios va a usar a los que organizan su tiempo otorgando el primer lugar para el Señor, su búsqueda del Señor, es mantener una estrecha relación con Dios.
Estos hombres iban a la oración y les acusaron porque confrontaron las mentiras que estaban dándose a conocer en Filipos, porque habían personas inescrupulosas, como hoy las hay, que quieren obtener ganancias deshonestas a costa de la fe de los otros.
Acusamos la corrupción de la humanidad. Perdóname, hermano mío, pero al interior de la iglesia también hay corruptos, también hay comerciantes de la fe, hombres sin escrúpulos que no respetan nada, que pisotean a quienes encuentran en el camino. Pero cuando se levanta un Pablo que dice «Así ha dicho el Señor» te espera la cárcel, te espera el desprecio, cuando te levantas, hermano mío, también se levantan muchas dificultades, pero sigue hablando, sigue anunciando. Cuando te lleven a la cárcel, serás un instrumento para que otros presos, otros ciegos tengan libertad junto a ti, para que lleguen a Cristo. Alguien tiene que pagar el precio, a Pablo le significó la cárcel, pero por ello, los otros presos obtuvieron la libertad en Cristo. Amado, por encarar la mentira le significó ir a la cárcel, todo lo que hace Dios es bueno, y ello le significó conocer a otros presos. En ese lugar de encierro Pablo no se lamentó, no se quejó, cualquiera de nosotros diria «Señor, yo hice lo que tú me mandaste, yo predique la palabra, ¿qué pasó entonces?». Nunca te quejes, porque las pruebas en el Señor significan bendición; haz como el apóstol: Pablo en vez de llorar, cantaba Salmos, himnos, bendecía al Señor; veo a ese hombre culto, a este políglota, a este ciudadano romano, hombre educado, alzando su voz al cielo, exaltando al Creador, al Santo de Israel, y fue en ese momento cuando Dios produjo un movimiento de tierra, vino un terremoto, y lo que era cárcel desapereció, y los cimientos cayeron y todos los presos tuvieron libertad.
Hermano mío, si tu espíritu está siendo inquietado por Dios a orar en la madrugada, mientras los demás duermen, ora porque el Espíritu Santo está tratando contigo, quiere hacer de ti no un mero religioso sino que un alborotador de la obra de Satanás, como un Pablo. A los que confrontamos la mentira nos espera cárcel, dificultades, pero allí estará la presencia de Dios, ya que si hay algo que no está detenido es Dios mismo, es la visión de Dios, es la pasión que arde en ti; te expulsarán pero contigo irá la presencia de Dios, el Espíritu Santo, contigo la visión, el poder de Dios, porque Dios no puede ser encarcelado.
Repasemos:
Pablo llegó a Filipos, tal vez tu congregación es Filipos, lo que te rodea, y si el Espíritu Santo dice que hables una verdad, y si eso trae menos ingresos para ti para la congregación que se lucra con el evangelio y tú tienes que confrontar aquello, hazlo con libertad, pues contigo está el Señor, si te relegan, expulsan, exilian, no importa, contigo está el Señor, y allí en medio de la dificultad Dios dará libertad a aquellos que estaban presos, callados, ignorados, porque no había un Pablo que se levantara y los libertara y dijera lo que el Señor quiere, pero si Dios a ti te toma, habrán otros que te acompañarán, serán pocos, pero aquellos que estaban presos, verán que les levantó un Pablo que dice la verdad, traerás libertad a aquellos que por generaciones han vivido encarcelados. Porque eso hemos heredado de nuestros antepasados una religiosidad, una metodología, costumbres inútiles, pues el hombre se ha hecho su propio Dios. Es hora de romper esa mentira, de abrir la boca y declarar una verdad, no importa cuán grande o fuerte sea ésta, mientras la declares en el Señor, Dios la va a respaldar, si te exilian o tratan como alborotador, da gracias a Dios porque donde te envíen , allí irá el Espíritu Santo contigo, allí Dios enviará un terremoto.
Levántate siervo, sierva, joven, señorita. Dios estará contigo, da el lugar que corresponde a la opinión de los hombres: después de la de Dios. No temas, Dios no te abandonará pues es la enseñanza que Él quiere que entregues a la iglesia de este tiempo.
Que Dios les bendiga.